lunes, 5 de diciembre de 2011

“Afinidades”: Porno entre partículas

Tan fogosa como prescindible, “Afinidades” se sostiene sobre las interpretaciones de su cuarteto protagonista. El debut tras la cámara de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz es una película con mucha carne, pero también con mucho artificio.

Dos parejas pasan juntas unos días de vacaciones en un idílico resort. Hay intercambio consentido de parejas, sexo con la mujer y el hombre ajeno con mayores o menores reticencias por parte de los implicados. Entre polvo y polvo, conversaciones trascendentes sobre la materia, el universo y el poder. Y en un momento dado, el personaje más contrario al trueque de compañeros de cama (Gabriela Griffith), le pregunta al que menos (Jorge Perugorría) por el porqué del juego. El segundo, poco dado a las respuestas directas, contesta que la razón está en la crisis de los 40, en la idea de vivir aquello que nunca se atrevieron a experimentar.

Adaptación de la novela “Música de cámara” de Reinaldo Montero, “Afinidades” tira de la crisis de la mediana edad como —endeble— excusa para un extraño caso de película bipolar: por un lado, ésta ópera prima dirigida a cuatro manos por Vladimir Cruz y Jorge Perugorría se destapa como cine abiertamente erótico, promiscuo hasta la frontera de la pornografía, más en cantidad —hay escenas de sexo por doquier— que en calidad —frente a la generosidad con la que se exhibe Gabriela Griffith, el pudor de Cuca Escribano—; por el otro, los descansos entre sesión y sesión buscan elevarla, mediante el diálogo pretendidamente sustancial, a la categoría de obra reflexiva sobre los límites del sexo, la amistad y la lealtad con apuntes comparativos desde el campo de la física. Si a estos dos polos le sumamos unos personajes que ya quedan definidos en el primer acto, y cuya evolución es tímida o nula desde ese primer estadio —salvo en el caso de la Magda de la Griffith, mejor construida y con algún recorrido psicológico y emocional—, el resultado podría no estar tan lejos de las intenciones y estructuras de cualquier producción de porno blando, sólo que sustituyendo la paja —y entiéndase paja por la ausencia de carne— por conversaciones de eterno doble sentido junto a un cuba libre sobre la atracción de las partículas y el extraordinario misterio de la materia que todo lo compone.

Tan fogosa como prescindible, “Afinidades” se sostiene sobre las interpretaciones de su cuarteto protagonista, a través de duelos particulares que no descartan ni mucho menos las capacidades de los actores para el matiz. Sin embargo, su incontinente verborrea y sus pocas ganas de buscar cierta naturalidad interrelacional, hacen que esas aptitudes se dilapiden sin contemplaciones en epitafios en voz alta, insinuaciones agotadoras y todo un catálogo de artificios para olvidar.

Calificación: 5/10

Imágenes de “Afinidades” © 2010 HispaFilms e ICAIC. Todos los derechos reservados.


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