Pese a su origen alemán, “Todo un hombre” cae en todos los lugares comunes de la comedia romántica norteamericana más arquetípica. Aunque hay buena química entre sus dos actores protagonistas, es una película completamente prescindible.
No debería sorprender la procedencia alemana de “Todo un hombre” (ver tráiler) cuando: 1) la película viene auspiciada como co-producción entre Alemania y Estados Unidos, con un título original en inglés (“What a man”); 2) desde el principio el filme de Matthias Schweighöfer no apuntaba a la idiosincrasia cultural como base de su comedia, al contrario que, por ejemplo, la ligera e integradora “Soul kitchen” (Fatih Akin, 2009). Aquí, lejos de buscar alguna alemanidad del género, se asumen las claves de la comedia romántica norteamericana con equilibrado balance entre lo almibarado y lo gamberro, una reproducción a este lado de un modelo mil veces visto, con el ya agotado relato del hombre en reconstrucción que, por supuesto, acaba rebasando las barreras de la amistad para enamorarse de su mejor amiga y consejera.

Alma mater de impronunciable nombre, lo que importa Schweighöfer en su ópera prima como director es la romcom en piloto automático, la indistinguible de tantos y tantos títulos por su nula personalidad más allá de los códigos a los que responde. Se repiten los malentendidos de siempre, el maniqueísmo acostumbrado a la hora de escribir algunos personajes —la insistentemente odiosa ex novia del protagonista— y la estulticia a la hora de diseñar otros —secundarios de usar y tirar, como el fiel amigo incapaz de dar un consejo que no acabe en desastre—, pero sobre todo se ejecutan con torpeza aquellos pasajes referidos a las zonas más sensibles del humor, allá donde vive lo políticamente incorrecto y el caos es el resultante de las frustraciones e incapacidades de su protagonista. El chiste a destiempo, el gag incómodo es un arte de difícil manejo, y una de las escenas más vergonzosas, aquella en que el personaje de Schweighöfer le entra a una chica en una discoteca preguntándole si ya ha defecado, demuestra también que no es para todos ni para todos los supuestos.

“Todo un hombre” podría haber aprovechado la buena química de su pareja central para hablar con algo más de sensibilidad y algo menos de inercia de los difíciles límites de la amistad, debatidos con cierto apasionamiento en momentos demasiado puntuales de la cinta. La crisis de la identidad masculina, la desorientación emocional tras el final de una relación o lo —a veces— imposible de determinar las razones de la felicidad propia son temas que están presentes, pero que quedan sepultados bajo una cómoda montaña de tópicos para la masa y la permanente negación de que comedia e inteligencia están llamados a entenderse.
Calificación: 4/10

En las imágenes: Fotogramas de “Todo un hombre”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2011 Pantaleon Films y Fox International Productions. Todos los derechos reservados.
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